Hace más de dos mil años un filósofo ateniense había pronunciado a sus pupilos una lección de vida en la frase “yo sólo sé que no sé nada”. Con esto quería hacerles entender que, para saber, se debe partir de la ignorancia consciente e ir descubriendo de a poco la verdad sobre algo. A los que creían saber de todo les hacía dar cuenta de que en realidad no sabían, y que para aprender debían aceptar de forma conciente de que en verdad no sabían y a partir de alli ser capaces de descubrir la verdad investigando.
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